DISCUSIÓN COMPLEJA: ¿DÓNDE HACER LA MINERÍA PARA LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA?

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Para cumplir los objetivos pactados en el Acuerdo de París en disminución del uso de energías fósiles y emisión de gases de efecto invernadero, se requiere que el mundo entero salte a las energías renovables. Sin embargo, estas implican, casi obligatoriamente, una actividad que comúnmente se percibe de manera negativa por su impacto en los ecosistemas: la minería.

Un estudio de la Agencia Internacional de Energía (IEA, sigla en inglés) estima que, para lograr lo pactado en París y empezar a utilizar la energía solar y eólica, al igual que las baterías para gestionar la energía del futuro, la demanda de litio aumentará en el mundo 4.200 por ciento; la de grafito, en un 2.500 por ciento; la de níquel, en 1.900 por ciento, y tierras raras, en 700 por ciento.

Según la IEA, tan solo construir un vehículo eléctrico requiere, comparado con un vehículo tradicional, el doble de cobre, el doble de magnesio y otros minerales que no se usan convencionalmente en la producción de estos, como litio, níquel, cobalto y grafito. Además, estos materiales requieren grandes cantidades de mineral para su extracción; por ejemplo, en el caso del cobre se necesitan aproximadamente 200 toneladas de mineral que se excavan, mueven, trituran y refinan para solo producir una tonelada de este metal.

Los materiales comunes también se verían incrementados en su consumo. Por ejemplo, un informe del Departamento de Energía de Estados Unidos señala que para construir estructuras eólicas o solares requiere de un aumento de al menos 10 veces del total de materiales usados, como el hormigón, el acero y el vidrio.

Todos estos son materiales cuyo consumo se incrementará de manera exponencial en los próximos años, pero que requerirán de la explotación minera, en algunos casos, en países y zonas con alta biodiversidad. En Colombia, por ejemplo, se sabe que existen reservas de cobre en zonas de reserva forestal como la del Pacífico; que, además, hay seis yacimientos de níquel, distribuidos en los departamentos de Córdoba y Antioquia; y un estudio de la Universidad Nacional encontró presencia de metales y tierras raras en el carbón extraído en Boyacá y Cundinamarca, la Formación Amagá –en Antioquia–, y la Secuencia Volcanoclástica de Aranzazu, en Caldas.